Historias de la Biblia hebrea
EL SUEÑO MARAVILLOSO DE JACOB

Historia 13 – Génesis 27:41-30:24
Después que Esaú supo que había perdido el derecho del hijo mayor y la bendición, estaba muy furioso con su hermano Jacob y se dijo así mismo y a otros: “Ya falta poco para que mi padre se muera; después de eso, mataré a mi hermano Jacob por haberme robado mis derechos”. Cuando Rebeca se enteró de lo que estaba pensando Esaú, mandó llamar a Jacob, y le dijo: “Mira, tu hermano Esaú está planeando matarte para vengarse de ti. Por eso hijo mío, huye en seguida a Jarán a la casa de mi hermano Labán, y quédate con él por un tiempo, hasta que se calme el enojo de tu hermano.

Si recuerdas, Rebeca era de la familia de Najor, el hermano menor de Abraham que vivía en Jarán, a una distancia muy larga hacia el noroeste de Canaán. En la historia once aprendimos que Labán era hermano de Rebeca.

Jacob se fue de Berseba en la frontera del desierto, y se encaminó solo hacia la tierra lejana del norte. Cuando llegó a cierto lugar en las montañas a varios kilómetros de su casa, ya estaba anocheciendo. No tenía dónde dormir así que tomó una piedra y la usó como almohada, y se acostó a dormir en ese lugar. La piedra estaba muy dura, pero el cansancio era mayor. Esa noche tuvo un sueño maravilloso; soñó que había una escalera que estaba conectada desde la tierra hasta el cielo, y vio a los ángeles de Dios que subían y bajaban por ella. En la parte de arriba de la escalera estaba Dios, quien le dijo: “Yo soy el Señor, Dios de tu abuelo Abraham, y Dios de tu padre Isaac. La tierra en la que estás acostado te pertenece. Te la entrego a ti y a tu descendencia. ¡Tus descendientes serán tantos como el polvo de la tierra! Se extenderán en todas las direcciones; hacia el oriente y el occidente, hacia el norte y el sur; y todas las familias de la tierra serán bendecidas por medio de ti y de tu descendencia. Además, yo estoy contigo y te protegeré dondequiera que vayas. Llegará el día en que te traeré de regreso a esta tierra. No te dejaré hasta que haya terminado de darte todo lo que te he prometido”.

Entonces Jacob se despertó del sueño y dijo: “¡Ciertamente el Señor está en este lugar, y yo ni me di cuenta! Pensé que estaba yo solo, pero Dios está aquí conmigo. ¡Qué asombro es este lugar! No es ni más ni menos que la casa de Dios, ¡la puerta misma del cielo!” Luego Jacob tomó la piedra que había usado como almohada, la puso como un pilar y derramó aceite de oliva sobre ella como ofrenda a Dios. Llamó a aquel lugar Betel (que significa “casa de Dios”). Luego Jacob hizo esta promesa: “Si Dios me acompaña y me protege en este viaje que estoy haciendo, y si me da alimento y ropa para vestirme, y si regreso sano y salvo a la casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios. Y esta piedra que yo puse como pilar será casa de Dios, y de todo lo que Dios me dé, le daré la décima parte”.

Jacob continuó su largo viaje, cruzó el río Jordán, atravesó las montañas, y viajó junto al desierto oriental, y por fin, ¡llegó a la ciudad de Jarán! Junto de la ciudad había un pozo, el mismo donde el criado de Abraham había conocido a su madre Rebeca, (en la historia once). Después de algún rato de esperar, Jacob vio a una muchacha que venía con su rebaño a sacar agua para sus ovejas. Entonces Jacob quitó la piedra que tapaba la boca del pozo y le dio de beber al rebaño; cuando se enteró que la muchacha era su prima Raquel, la hija de Labán, lloró de gusto. Y desde ese momento, comenzó a amar a Raquel y anhelaba casarse con ella. El papá de Raquel, Labán el cual era tío de Jacob, hermano de su mamá, le dio una bienvenida en grande y lo recibió en su casa.

Después de un tiempo, Jacob le pidió a Labán permiso para casarse con su hija Raquel, y le dijo: “Trabajaré para ti siete años si me entregas como esposa a Raquel, tu hija menor”. Labán respondió: “¡De acuerdo! Prefiero entregártela a ti que a cualquier otro. Quédate y trabaja para mí”. Así que Jacob se quedó por siete años trabajando para Labán cuidando sus rebaños y otros animales. Jacob amaba a Raquel tanto, que los siete años se le hicieron pocos días.

Finalmente llegó la hora de casarse con ella. De acuerdo con la costumbre de esa tierra, la cara de la novia tenía que estar cubierta con un velo. Se casaron, pero cuando Jacob le levantó el velo a la novia, se dio cuenta que no era Raquel, a la que amaba; ¡sino que era Lea, la hermana mayor de Raquel! Jacob no amaba a Lea y ya estaba casado con ella. Él estaba furioso que Labán lo hubiera engañado, de la misma manera que él engaño a su padre Isaac y a su hermano Esaú. (Lo vimos en la historia doce). Pero su tío Labán le dijo: “En nuestra tierra no permitimos que la hija menor se case antes que la mayor. Quédate con Lea como tu esposa y después que trabajes siete años más, te daré a Raquel también”.

En esos tiempos, como hemos visto, los hombres tenían más de una esposa, y en algunos casos más de dos. En ese entonces nadie pensaba que era malo tener más de una esposa, claro en nuestros tiempos eso no es permitido, es moralmente incorrecto.

Y Jacob se quedó por siete años más, en total catorce, antes que recibiera a Raquel como su esposa. En ese tiempo que Jacob vivió en Jarán, tuvo once hijos, pero sólo uno de ellos era de Raquel, a la que él amaba, y su nombre era José.